Correr una maratón, una triatlón, un Iron Man, una carrera de montaña o alguna de estas variantes tan populares hoy en día (que a mí me apasionan y forman parte de mi base Deportiva, que conste), es una gran actividad, una forma de disfrutar del entorno, de aprender a superarse, de mejorar y cuidarse físicamente, y de tener una afición o pasión potente; pero me sabe mal decir que esto está chupado, es muy fácil, y no tiene, de lejos, tanto merito como a menudo le atribuimos.

Incluso le concedemos la condición de categoría de actividades muy útiles para la vida en general, y si bien es cierto que aportan muchas cosas buenas, pienso que están muy distantes de lo que de verdad importa como lección de vida, e incluso pueden llegar a confundir.

¿Qué se necesita para poder correr una Maratón (o disciplinas afines)?: Básicamente esfuerzo, perseverancia, disciplina y saber sufrir.  Todos ellos factores muy importantes en la vida, pero bastante fáciles de aplicar, pues sólo dependen de uno mismo.

A partir de allí, por unos pocos euros al alcance de casi todo el mundo, uno se lo encuentra todo organizado, con la ruta marcada, aguas en cada control, médicos por si pasa algo, y mucha gente animando y tratándonos como unos verdaderos héroes (por el simple hecho de correr).  Y si se falla por algún motivo, el coste de oportunidad es prácticamente nulo, pues sólo depende de nosotros el conectarnos a internet y ver en qué otra carrera nos queremos dar el siguiente intento, pues hay un montón de maratones y otras pruebas cada fin de semana por toda la geografía.  Y no os preocupéis, que si os hacéis daño en un tobillo, por ejemplo, siempre podéis desplazaros a la calle de al lado, y coger un taxi que os lleve a vuestra casa o al hotel si no estáis en vuestra ciudad.

¿Es esto la vida?  ¿Una cosa organizada, llena de almohadas por si caes, con todo marcado, con segundas oportunidades y sin ningún tipo de riesgo?

Me parece que la vida profesional, personal o emprendedora en cualquier faceta, se podría comparar más a una aventura que a una maratón.

En cualquier aventura un poco ambiciosa, el esfuerzo, la perseverancia, la disciplina y el saber sufrir es un mínimo indispensable.  Que a nadie se le ocurra emprender cualquier expedición sin haber preparado al máximo lo que depende de él, o sea, sus capacidades.  Pero a partir de allí, cada uno es responsable de escoger el rumbo (no hay flechas); se tiene que procurar sus propios avituallamientos; los ánimos y la motivación le tienen que venir de su propia convicción y la fuerza interior, porque no encontrará mucha gente que lo anime por el camino; i tiene que saber que una vez esté en marcha, el coste de oportunidad es elevado, tanto por lo que ha sacrificado y dejado de hacer, como porqué le costará mucho volver a tener otra oportunidad como aquella.  ¡Ah!... por cierto, y si se lesiona en un tobillo, por mucho que busque, no encontrará un taxi que lo lleve a casa, pues aquí siempre hay un riesgo que se tiene que saber gestionar.

La sociedad parece empeñada en educar personas enfocadas a hacer maratones... haciéndoles creer que si ellos trabajan mucho, se esfuerzan mucho, estudian mucho y hacen los deberes de buen ciudadano, luego encontrarán un circuito lleno de señales de dirección, seguridades, alternativas y buen acompañamiento.

Esto sería ideal (aunque muy aburrido, pensándolo bien), pero a pesar de que se dan algunos episodios o temporadas en que parece que sea así, no es la realidad del  mundo en que vivimos.  Y luego pasa que salen los estudiantes muy bien preparados de sus carreras, con masters e idiomas y lo que haga falta, y se sorprenden al ver que no está la autopista que les habían prometido.  O los profesionales con muy buen currículum, que creen que alguien debe tener trabajo para ellos porqué son unos buenos maratoninanos y se lo han currado mucho.

Señoras y señores:  No hay ninguna autopista, no hay ninguna ruta marcada.  El futuro es un mapa virgen, sin indicar, incierto, cambiante y complejo; pero también apasionante y lleno de oportunidades.  Pero tenemos que entender que esto no es una maratón dónde sólo nos podemos dedicar a lo que depende de nosotros mismos, a lo que nos gusta, queremos o sabemos hacer.  Para avanzar en la vida necesitamos adoptar una actitud más aventurera y entender que, aparte de nuestras habilidades, de hacer lo que queremos, sabemos o nos gusta, debemos ser responsables de todo el resto: rumbo, decisiones clave, etapas, incertidumbre, gestión de riesgos y búsqueda de oportunidades.

¡Os deseo una buena aventura vital!  ( FUENTE: Blog de Alberto Bosch )